viernes, 16 de octubre de 2009

Según pasan las horas...


... suceden cosas muy curiosas.

Tango ya está en la guardería. La casa está mucho más silenciosa sin él y este silencio resuena en mi silencio, aquel al que suelo recurrir mientras dentro mío suceden las más arduas actividades neuro-emocionales.

Los años de terapia no fueron en balde, sé detectar que pasa dentro mío apenas hay algún movimiento. Permanezco en calma aparente mientras todo dentro mío está en movimiento. Estoy atenta a lo que allí ocurre, aunque parezca k estoy haciendo diez mil cosas a la vez, será una mezcla de de cuestión innata y de vicio profesional... mantengo siempre la atención latente sobre mí y sobre lo que sucede en los que están a mi alrededor.

De más está decirles que desde el momento en que puse el primer pie en la isla se activó una suerte de cronómetro interno, de cuenta regresiva hasta llegar a este día. Y es que aquí estoy echando raíces, me empezaron a crecer el mismo día que le conocí... y éstas, llegaron a hacerse una con la tierra cuando nos casamos. Quizás para otros no tenga importancia ésto de echar raíces, de afincarse, de comenzar a construir una familia - mi propia familia - pero para quien toda su vida a convivido con cierta sensación de soledad/vacío interno desde el momento cero de su vida, ésto no es poca cosa. Se me juntan varios temas pero - con el paso de los años - toman un cariz diferente. Los matices aumentan y los caminos, sabemos, nunca suelen ser directos ni sencillos.

Una de las primeras nociones que adquiere e introyecta quien es hijo único - a partir de cierta edad - es que habrá un momento en un futuro lejano en que habrá situaciones para tomar las riendas familiares sobre todo cuando los padres pertenezcan ya a la tercera edad. Éste tomar las riendas será en solitario, en momentos álgidos, delicados, emocionalmente duros. Habiendo mucha diferencia de edad entre padres e hijos, los tiempos para que eso suceda se acortan automáticamente.

La noción de esta responsabilidad futura se volvió consciente en mí alrededor de los 10/11 años. Fue algo que se sintió como "natural" cuando apareció en mi consciencia tan claramente como cualquiera otra de las certezas fundamentales de mi vida. Siempre supe que iba a tener que cuidar y hacerme cargo de mis padres bastante antes que el resto de mis amigos/compañeros/ coetanos y también fui consciente - desde siempre - que lo tendría que hacer sola, es decir, que no habría otros hijos/otros hermanos.

Todavía recuerdo imágenes de mis padres a los cuarenta, cuarenta y pico de años: recuerdo lo jóvenes que se veían. Eran sanos, fuertes y tenían media vida aún por vivir. No paraban en casi todo el día por sus tareas profesionales y recuerdo la sensación de protección que me infundían. Evidentemente ahora que veo atrás, comprendo tantísimas cosas de su vidas, de sus historias y por ende sus formas de actuar con el mundo y conmigo.

Con los años todo tomó el preciso sentido; no el del sentido adquirido por la mitología familiar heredada, esa que cada uno de nosotros heredamos y tomamos como verdad absoluta, sin darnos cuenta, hasta quien sabe cuando. Tomó el preciso sentido que se origina cuando uno patea los tableros de los rompecabezas del propio Mundo, del rompecabezas del Mundo familiar en que le ha tocado vivir a cada quien y el del Mundo en general.

Es barajar y dar de nuevo, lanzar prejuicios, mitología familiar, certezas y dudas al aire; dejar que cada pieza caiga entremezclada con las otras... y comenzar a armarlos - poco a poco - a partir de nuestros propios criterios.

Cierto es que no soy la misma que dejó a su familia, amigos, historias, un futuro profesional construído a base de arduos y esmerados años de trabajo. Cierto es que ya ni los padres, ni los amigos ni una servidora seremos los mismos ya. A mis padres los he escuchado envejecer por teléfono, pero no los he visto hacerlo. Pasado mañana los reencontraré ya siendo "oficialmente" viejos. Descubriré sus caras, sus nuevos cuerpos, su paso más lento, viviré en persona las sensaciones que me generen sus voces y sus razonamientos algo más pausados, descubriré sus achaques de "viejos". E - indefectiblemente - buscaré en estas nuevas galas a los padres que yo conocí.

De una manera u otra siempre me mantuve cerca y los cuidé de la mejor manera en que se dejaron/supieron/quisieron cuidar. Los primeros embates de decisiones fuertes a tomar los vivimos un par de años antes de conocer a Amore y de incluso sopesar cualquier partida del país. Ahora vuelvo y no sé cuan viejos estén, pero me haré una idea apenas les vea, Cinco minutos alcanzarán para comenzar a sopesar cuánto tiempo pasará hasta que nuevamente deba tomar las riendas familiares en esas situaciones que avisoré en un futuro lejano, que hoy ya no lo es tanto.

Sonreiré, los mimaré, me dejaré mimar e intentaré que todos disfrutemos de estos momentos que se nos ofrecen nuevamente. Siento que vuelvo a atesorar los recuerdos que crearemos juntos para el presente que vivimos y para esos futuros que - tarde ó temprano y aún en silencio - siempre supimos que algún día llegarían.


E-migrad@

4 comentarios:

Graciela dijo...

creo que los encontrarás jovenes-adultos y sabes por qué??? ellos también tienen 'silencio en sus silencios'

Ser únic@ hij@ te hace crecer de otra manera, a pesar de tener 3 hermanos varones y ser la única 'nena' de la casa y la mayor huyyyyyyyy

Tranquila, todo estará casi como lo dejaste, ya nos contarás -no creerás que te tomas vacaciones del blog!!!- estoy segura que la pasarán bomba...y falta tan poquito ya...

Mushosssssss abrazos

E-migrad@ dijo...

Chanchas gracias, Grace...

Se nota k usted entiende lo k hay que entender ;)

Te ganaste un muaaaaaaaackatee!


Nos vemos, besos

E-migrad@

Tango Info dijo...

Fantastic article (was a bit hard to read in my spanish...).
Thanks!

Eran dijo...

Hi
That picture of those hands is weird and lovely!
Ciao.

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